IDD-Lat 2015 |
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Chile |
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Chile es un paÃs con alto desarrollo democrático junto a Costa Rica y Uruguay. Se ubica ampliamente por encima del promedio de la dimensión, que en el IDD-Lat 2015 ha superado el del año anterior. Lo que ayuda a Chile a sostener su puntuación en esta dimensión, es que continúa siendo quien lidera los indicadores de respeto de los derechos polÃticos y las libertades civiles. Tiene cuentas pendientes en lo que atañe a los indicadores de participación electoral y de participación de género en la polÃtica.
· Se mantiene en el conjunto de paÃses con desarrollo democrático medio junto El Salvador, Panamá y Honduras. Logra superar el promedio regional. Con respecto a la zona de los paÃses del Cono Sur es el segundo paÃs luego de Uruguay, aunque los diferencia el grado de desarrollo alcanzado en esta dimensión, que en el caso de Uruguay es mejor que el de Chile. El comportamiento de los indicadores que componen esta dimensión ha sido mejor que en el 2014, especialmente en lo que se refiere a accountability social y percepción de la corrupción, donde Chile lidera la región. El resto de los indicadores se mantiene en valores que justifican la ponderación final de Chile en calidad institucional. Agenda pendiente de Chile es avanzar hacia una menor fragmentación parlamentaria y desarrollar una democracia más inclusiva en lo que se refiere a las minorÃas que no logran representación institucional en el sistema.
·En la Dimensión que mide el desarrollo social y humano, muestra un retroceso de alrededor del 10#%, lo que es determinado por el comportamiento de los indicadores que se refieren al gasto público en salud y en educación, cuestión que aún debe A pesar de este descenso en la puntuación general, Chile lidera esta dimensión producto de descensos más importantes de otros paÃses, como es el caso de Argentina, que lideraba la democracia social en la región desde hace algunos años. De acuerdo al Gráfico 3.19 Chile ha mostrado una tendencia positiva si partimos de los valores que habÃa obtenido en el 2004 y 2013, cercanos a los 1,000 puntos, donde posteriormente los ha duplicado. Su puntuación lo coloca en el grupo de paÃses con alto desarrollo democrático.
· Pese a este resultado Chile aún logra superar el promedio regional aunque pierde la categorÃa de alto desarrollo democrático, pasando a pertenecer al conjunto de paÃses con desarrollo democrático medio.
Por Michel Figueroa MardonesDurante los últimos veinte años los esfuerzos de Chile se han enfocado en desarrollar las condiciones necesarias para restituir derechos civiles y polÃticos por muchos años dejados en el olvido por los efectos del autoritarismo. AsÃ, los primeros esfuerzos se centraron en garantizar derechos como la libertad de expresión, de pensamiento, derecho a la justicia y en asegurar el más amplio derecho a participar en el ejercicio del poder polÃtico, hasta lograr un umbral mÃnimo de condiciones institucionales necesarias para el funcionamiento de un Estado democrático. Los procesos más importantes ocurridos en el paÃs se pueden exponer en tres categorÃas. Procesos económicos En materia económica, los buenos resultados que por varios años habÃan acompañado a Chile comenzaron a estancarse. El crecimiento del producto interno bruto pasó de un 4,1#% en 2013 a 1,9#% al cerrar 2014, representando la menor alza en los últimos cinco años. Por su parte, el precio del cobre, mineral pilar de la actividad económica en el paÃs, cerró el año con una variación negativa del 6,4#% en su precio de transacción, afectando directamente el erario fiscal, ya que el presupuesto público depende casi en un 50#% de las ganancias producidas por la venta de este mineral. Sin embargo, ello pudo ser amortiguado por un aumento del valor del dólar respecto a la moneda nacional. En cuanto al comportamiento de los consumidores, el Ãndice de precios al consumidor (IPC) pasó de 1,8#% en 2013 a 4,4#% en 2014 y generó una disminución sustancial de la actividad económica activada por las personas. Las diminuciones en la actividad económica, la inversión y el consumo se debieron en gran medida a la reforma tributaria impulsada por el Gobierno; la tramitación de esta ocupó gran parte del año, lo que generó expectativas negativas y desconfianza en los diferentes sectores empresariales. La reforma tributaria, que en octubre de 2014 se materializó en la ley n.º 20757, tiene como principales ejes: aumentar a tasa de tributación a las empresas de un 20#% a un 25#% en tres años; eliminar mecanismos de tributación que permitÃan a las empresas o a sus socios eludir impuestos; bajar en un 5#% la tasa de impuestos a la renta de las personas; incorporar impuestos que sancionan el uso de vehÃculos poco eficientes desde el punto de vista medioambiental y las fuentes fijas de emisión de contaminantes; aumento de los impuestos de timbres y estampillas; gravar con impuesto al valor agregado la compra de propiedades inmuebles nuevas, como las casas y departamentos; asà como también aumentar las facultades y atribuciones de fiscalización que tienen los organismos competentes en materia tributaria para disminuir las tasas de evasión tributaria. Procesos polÃticos El hecho que marca gran parte de los fenómenos polÃticos que ocurrieron en el año partieron el 11 de marzo con el cambio de mando presidencial. El presidente Sebastián Piñera terminó su periodo constitucional de gobierno y dio paso a la presidenta Michelle Bachelet, lo que significó pasar de un gobierno de centroderecha a uno más socialdemócrata, con el apoyo de una amplia coalición polÃtica en que está representada la más variada gama de partidos polÃticos, desde demócrata cristianos hasta comunistas. En paralelo al cambio presidencial, en el Congreso se instaló por primera vez en la historia republicana una mujer como presidenta del Senado, lo que sin duda tiene un significado simbólico en la escalada que ha tenido la participación de la mujer en la polÃtica. Por su parte, en la Cámara de Diputados el gran cambio vino representado por un grupo de jóvenes, herederos del capital polÃtico desarrollado en las movilizaciones estudiantiles de años anteriores, que representan, al menos en las ideas, una nueva generación de hacer polÃtica en el paÃs y que en algunos casos lograron ocupar un escaño en el Congreso sin el apoyo de las estructuras de los partidos polÃticos tradicionales[1]. El gran problema que debe enfrentar la elite polÃtica es el bajo nivel de confianza que la ciudadanÃa expresa en las instituciones polÃticas y en el Gobierno. Las personas no confÃan en los partidos polÃticos ni en la Administración de justicia, asà como tampoco en la forma de conducción del Gobierno; solo las instituciones como las fuerzas armadas y las policÃas alcanzan grados de confianza cercanos al 50#%, según datos de las encuestas[2]. La situación se agrava más cuando se trata de la confianza que tienen los ciudadanos en la presidenta Bachelet que, a pesar de haber sido electa con más de 60#% de las preferencias de voto, a finales del año terminó con una desaprobación de más del 40#%. Casos de corrupción como el de Corpesca, en que se acusó a una diputada de haber recibido dineros de una empresa pesquera por medio de uno de sus asesores durante la discusión de una nueva ley de pesca que favorecÃa a los empresarios, en que dicha diputada voto favorablemente al proyecto; el caso PENTA, en donde se podrÃa configurar un fraude al fisco chileno por la empresa del mismo nombre, en donde se utilizaron boletas de honorarios falsas que, entre otras cosas, habrÃa permitido financiar de forma ilegal campañas electorales de varios polÃticos chilenos, muchos de ellos que ocupan cargos en el Congreso Nacional. Son sin duda estos casos de corrupción que afectan a la polÃtica los que influyen negativamente en la confianza y en la percepción que tienen las personas de los polÃticos y de cómo el Gobierno está llevando a cabo la tarea de gobernar. La ciudadanÃa se pregunta si lo hacen inspirados en el bien común o en el beneficio de quienes financiaron sus campañas electorales. Procesos ciudadanos y sociales A pesar de los bajos Ãndices de participación electoral, hoy la sociedad chilena ha asumido un rol más activo en el ejercicio de la ciudadanÃa, ha comenzado a cuestionar asuntos del convivir público que antes eran intocables y ha logrado tomar más fuerzas en demandas de sectores particulares que antes no habÃan logrado posicionarse. Este es el caso de las manifestaciones de los estudiantes y sus demandas por mejorar el estado actual de la educación, un tema recurrente en los últimos años en Chile. Sin embargo, hasta ahora no se han obtenido resultados concretos en relación con dichas demandas. La baja participación electoral no debe asumirse como indicador de que la ciudadanÃa no está interesada en los asuntos polÃticos o en la polÃtica misma, pues las constantes manifestaciones sociales, las demandas para que el Estado asuma roles más protagónicos en áreas como la educación, la salud o la economÃa, muestran a una ciudadanÃa interesada en el rol que debe cumplir el Estado en la sociedad, en la cosa pública, aunque desinteresada de las formas en que se eligen los representantes a los que se les otorga el poder legÃtimo de tomar aquellas decisiones. Existe una dicotomÃa social entre lo que se puede denominar lo polÃtico y la polÃtica: los ciudadanos están interesados en participar en aquello que es polÃtico pero no están interesados en participar en la polÃtica, al menos de la forma en que los procesos actuales ofrecen hacerlo. Entonces, ¿qué nos dice esto de la democracia chilena? Se ha gestado un proceso ciudadano que está comenzando a cuestionar aquellas cosas que deben ser socialmente decididas y a buscar nuevos espacios de participación en el debate público, donde ya no basta la urna del voto, en donde se elige a un representante para decidir asuntos colectivos. En otras palabras, se observa el paso gradual de una ciudadanÃa en donde se aseguraban derechos civiles y polÃticos, a una ciudadanÃa social en donde los ciudadanos demandan obtener un mÃnimo de bienestar económico, con estándares de educación y salud acordes al desarrollo del paÃs. Ese espacio de decisión que estaba concentrado en el Gobierno hoy ya no parece tan legÃtimo, ya que a la ciudadanÃa no le queda claro cuáles son los intereses reales que representa, y espera crear nuevos canales de participación en donde se pueda asegurar que los intereses comunes son escuchados y se logran cambios concretos. En conclusión, el 2014 representó un año de profundos cambios en el rol de la ciudadanÃa frente a los procesos polÃticos. En Chile la democracia está en un proceso de ampliación gradual de los espacios y contenidos de ejercicio de los derechos. Hoy se espera de la democracia que no solo garantice un método adecuado para elegir a los gobernantes, sino que pueda asegurar un conjunto de libertades y condiciones de bienestar mÃnimas para la conformación de una sociedad sana. La democracia chilena ha pasado de un proceso de construcción institucional al de una ciudadanÃa constantemente cuestionante del desarrollo colectivo dado, en donde se exploran nuevos caminos que antes no parecÃan plausibles. [1] Estos son los casos de los diputados Gabriel Boric, candidato independiente y Giorgio Jackson, candidato apoyado por el Movimiento PolÃtico Revolución Democrática. [2] Con datos del Estudio Nacional de Opinión Pública de julio y noviembre de 2014, del Centro de Estudios Públicos (CEP).
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