IDD-Lat 2012 |
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Chile |
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El año 2011 fue un año difícil para el presidente Sebastián Piñera. Los primeros meses de su período de gobierno todavía estuvieron bajo un signo positivo. El empresario, un hombre muy rico, fue el primer candidato de los partidos de centroderecha desde el retorno de Chile a la democracia en 1990 en ganar las elecciones a la presidencia de Chile en enero de 2010. Tanto la reconstrucción del país, después del devastador terremoto del 27 de febrero de 2010, así como también, el espectacular salvataje de 33 mineros enterrados en agosto del mismo año, contribuyeron al aumento de la popularidad del nuevo presidente. Sin embargo, desde entonces, se dio vuelta la hoja. Numerosos conflictos de política interna, fuertes diferencias con la oposición, así como una insatisfacción general sobre el rumbo político del gobierno, incidieron para que en 2011 la imagen de la coalición de los partidos en el poder, “Coalición por el Cambio” y sobre todo, la del presidente, ya no gozara de tanto prestigio entre la población.
Después que durante mucho tiempo la inscripción en el registro electoral fuera voluntaria, pero la votación para los inscriptos resultara obligatoria, a partir del 2011 se invierte la situación y rigen el registro automático de todos los habilitados para votar y la votación voluntaria. También los chilenos en el extranjero pueden participar en las elecciones actualmente. De esta manera, se quiere lograr que la democracia sea más participativa y transparente, y contrarrestar la disminución constante de la participación electoral, sobre todo por parte de la generación más joven. En lo referente a la reforma política, una revisación del discutible sistema electoral binominal, que ha forzado la división del sistema partidario en dos posturas de tamaño similar, y que no ofrece a los pequeños partidos y a los candidatos independientes una verdadera chance de obtener poder político, hace mucho que integra la agenda política. Hasta ahora, sin embargo, no fue posible realizar una reforma desde el punto de vista político. Pero, últimamente se empezó a mover algo en este sentido. Así, de momento y en lo referente a la Cámara Baja, se está considerando una ampliación de 120 a 150 bancas (los 30 escaños adicionales deberán ser elegidos en base a un sistema proporcional), para poder corregir al menos parcialmente las distorsiones creadas por el derecho electoral actual. Aunque en Chile el problema de la criminalidad de ninguna manera se acerca al de otros países de Latinoamérica, el Presidente Piñera se ha quejado que en los últimos años ha habido un empeoramiento de esta situación. Otra prioridad de este gobierno sería por ello la de “vencer de una vez por todas la lucha contra la criminalidad y el narcotráfico”. A este fin, entre otras cosas, deberá crearse un Ministerio para la Seguridad Interna, y promover una mejor coordinación entre las diferentes autoridades de persecución penal. Un registro de acceso público de todos los inculpados, forma parte asimismo de las medidas que impulsa el gobierno.
En el segundo semestre del año, el tema dominante fue, en cambio, el conflicto en el sector educativo. Esta protesta es de las mayores manifestaciones desde el fin de la dictadura militar en el año 1990. Muchas veces, en el pasado más cercano, hasta cien mil alumnos, estudiantes y docentes marcharon por las calles para expresar su descontento con el sistema educativo y de formación en Chile. Además, hace semanas que varios edificios de escuelas y universidades estatales están ocupados, por lo que las clases en numerosas instituciones educativas sólo pueden tener lugar de forma limitada. Según la última encuesta de opinión del conocido Centro de Estudios Políticos (CEP) (realizada en el período junio/julio de 2011), el índice de aprobación del gobierno de Sebastián Piñera alcanzaba apenas el 27%, el rechazo, por el contrario, alrededor del 52%. Ante la caída de las cifras en las encuestas y las continuas manifestaciones, el 18 de julio de 2011 Piñera llevó a cabo una reestructuración profunda de su gabinete, con un recambio de ocho cargos en total. Sufrió un traslado, entre otros, el antiguo Ministro de Educación, Joaquín Lavín, bajo fuerte presión por las protestas estudiantiles, a un ámbito menos conflictivo, o sea, al Ministerio de Planificación, competente para el desarrollo social. Con esta resolución respecto al personal, Piñera, al igual que en ocasión de su primer reajuste ministerial el 16 de enero de 2011, fortaleció el perfil de su equipo de gobierno, y se apartó definitivamente de su plan original de apostar preferentemente a “tecnócratas” en lugar de políticos. Ante el rechazo público actual respecto al gobierno, sorprende aún más que hasta ahora, la coalición opositora de centroizquierda, la Concertación, no haya logrado obtener ventajas de la situación: en la última encuesta del CEP, obtuvo solamente una aprobación del 17%, con peores resultados aún que la coalición de gobierno actual. La Concertación se encuentra en un punto muy bajo de las encuestas, sobre todo debido a la falta de personalidades con empuje, y de una línea política clara como alternativa al gobierno.
También un mejoramiento de la política del mercado laboral forma parte de las prioridades sociopolíticas del nuevo gobierno. Piñera había prometido durante la lucha electoral la creación de un millón de nuevos puestos de trabajo durante su período de gobierno. Además, subrayó que para él era muy importante el acceso de las mujeres al mercado laboral, así como la equiparación de salarios para ambos sexos. La desgracia en las minas del desierto de Atacama, que causó sensación a nivel mundial, mostró a todo el mundo durante el año pasado el estado crítico de las condiciones laborales en muchas empresas y fábricas del país.
Desde el punto de vista macroeconómico, a Chile, en realidad, le fue muy bien. Piñera destacó que desde su asunción al poder, la economía del país habría crecido en un 2,7 % (“la tasa más alta en la historia de Chile”), y que al mismo tiempo, se habrían creado 487.000 nuevos puestos de trabajo. En los últimos años, según la opinión unánime de los expertos, el país andino ha evolucionado cada vez más hacia “un país modelo de economía de mercado” en Sudamérica. Chile presenta actualmente el mayor rendimiento económico per cápita en Latinoamérica. Su ingreso a la OCDE como único país sudamericano a principios de 2010 es el reconocimiento del desarrollo hasta ahora positivo del país.
La economía chilena prosigue con su fuerte ritmo de crecimiento, impulsado por una política monetaria expansiva y por los altos precios del cobre y de otros importantes bienes de exportación del país. La dependencia del mercado mundial, sin embargo, en opinión de los expertos, sigue siendo el talón de Aquiles de la economía chilena. Además, la producción económica de Chile, al igual que las inversiones directas del extranjero, todavía están demasiado orientadas hacia la manufactura y la exportación de materias primas, especialmente el cobre. Chile sigue siendo, en primer lugar, una economía de materias primas, con la correspondiente baja demanda por mano de obra cualificada. En el futuro, el país tendrá que diversificarse mucho más, lo que requiere una clara estrategia de innovación e inversiones adicionales en el ámbito de la investigación y educación. De lo contrario, el cumplimiento del objetivo del presidente Piñera, de lograr en los próximos veinte años el salto de un país en vías de desarrollo a un país desarrollado, será muy difícil de alcanzar. |
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